El sábado en la noche, durante una conversación de esas que nacen y mueren de manera poco memorable (véase “hablar huevadas”), unos amigos y yo llegamos a la conclusión de que el centro de mi ciudad (casualmente donde yo trabajo) está lleno de hipsters. Las razones para este raro flujo de seres mágicos y coloridos a este sector en particular, las dejo a consideración suya, ya que son bastante obvias. Si se tiene una noción básica de los hipsters y cómo operan, claro. Ustedes saben, el centro, la cultura, la arquitectura de antaño, el arcoiris…

Así, llegamos a la conclusión de que el área está tan poblada de hipsters que, en los cinco minutos diarios que me tomo para respirar fuera de mi prisión laboral, sería capaz de ver al menos un hipster pasear por aquí.

Y pues, como por arte de magia, apareció un hipster hoy (tres, de hecho), así resucitando las memorias de aquella pasajera conversación de auto.

Doy por abierta la nueva sección de este, su cyber-hueco favorito: El hipster del día. Los dejo con la primera foto.

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