El regalo

Hoy, por accidente, abrí un cajón donde guardo cosas privadas e importantes. Lleno de chucherías, como todo en mi vida. Escondida estaba una funda que contenía un artículo delgado forrado con papel de regalo. Ha estado ahí desde hace un tiempo, pero no le había prestado atención.

Desde que lo dejé ahí, tuve algunos encuentros pasajeros con el paquetito. Para Navidad, pensé seriamente en deshacerme de él y dárselo a alguien que le pudiera dar mejor uso, pero no pude. Me es difícil desprenderme de las cosas, así no tengan valor alguno. Aquellas que sí lo tienen, se quedan para siempre en algún rincón de las cuatro paredes que contienen mi vida: mi casa; porque nunca puedo enfrentar a mis fantasmas emocionales y dejarlos ir.

Decidí abrirlo. Ya no existe razón para mantenerlo forrado y ya no necesito mantenerlo guardado. No es nada más que un bien material comprado con dinero, nada que no se pueda regalar o gastar. Todo el sentimiento, el motivo emocional de su adquisición y su posterior rechazo, no cruzaron mi mente para nada. Es solo un montón de papel carente de energía o vida, dentro de una fría y artificial funda plástica.

El regalo. Tiene el olor a papel nuevo que forma parte del gran placer de leer. La portada brilla como si hubiese sido comprada ayer, las páginas conservan la pureza y limpieza con que salieron de la imprenta. Un libro.

El regalo. Fundación, de Isaac Asimov.

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