Hace dos días, el domingo 12 de febrero, se llevó a cabo la ceremonia de entrega de los Grammys, o la premiación a lo mejor (mejor palanqueado, claro) de la música. La estrella de la noche, indiscutiblemente, fue Adele, la gordita británica sufridora que se ha ganado el corazón y el respeto de hasta el público más exigente, con su afinada voz, letras llenas de decepción y su físico casi escultural.

Adele se llevó seis de los seis galardones por los cuales optaba, y fue la protagonista de todos los tuits de mi timeline por la duración de la ceremonia (unas diez horas, más o menos). Tanta fue la ciber-histeria, que yo no tuve que siquiera cambiar brevemente de canal y poner los Grammys mientras mi programa de domingo estaba en comerciales, me enteraba de lo que sucedía con Adele en mi computadora. Las redes sociales lo difundían todo al instante.

Ya, está bien. La manía por Lady GaGa y Katy Perry parece haberse acabado. Eso muestra que nuestra sociedad está avanzando y quizás no somos tan superficiales musicalmente. Y ya bueno, Adele SÍ tiene buena voz, y sus letras de despecho y tristeza amorosa son un poquitín más profundas que cualquier verso mediocre producto de la sensibilidad adolescente-burbujita de Taylor Swift… pero…. pero… de eso a “genio musical” hay un largo camino que Adele debe recorrer. A pie.

Entiendo a qué se debe el amor. La pelada es gorda, ahem… “corpulenta voluptuosa de huesos anchos”, y sí es de personas serias no dejarse llevar por lo fácil. Ser sexy y mostrar los atributos a diestra y siniestra le dio una carrera a Katy Perry. Estar loca como una cabra en drogas y usar vestidos minúsculos hechos de carne cruda hizo que Lady GaGa se lleve todos los internets del 2001. Claro, andar por la vida sin ropa y caminando con las manos llama la atención facilito, pero toma algo verdaderamente extraordinario para que la gente te tome en cuenta si eres una persona normal que no anda por la vida sin ropa ni caminando con las manos. Digamos que por ahí, Adele gana con todas las de la ley.

Mi problema con Adele es que no confío mucho en su “autenticidad”. Me parece que su público, como la industria en general, está sobre-explotando su apariencia y su pasado amoroso fallido. Me parece demasiado producto, demasiado bueno para ser verdad. Probablemente ella no tiene la culpa, sino la sucia industria discográfica que prostituye el arte y la sensibilidad musical hasta convertirlos en algo no tan diferente a una caja de cereal. Es muy probable que Adele sea simplemente una víctima de las mentes maquiavélicas de los ejecutivos musicales y de la predecibilidad del público. En ese caso, quizás sí merezca todo lo que ha obtenido. Igual, no me importa. No creo que Adele sea una gran artista, ni represente la creatividad e innovación que yo, como público, espero.

Las canciones de Adele, como piezas musicales en general, no me conmueven ni me causan emoción alguna. Sus letras podrían ser consideradas desgarradoras y brutalmente honestas, por gente acostumbrada a la música de la radio y a las insensateces de bandas como los Red Hot Chili Peppers. La música, como tal, es muy básica y está plagada de fórmulas de pop estándar. Nada que no haya escuchado antes, miles de veces. Ni siquiera la voz me parece tan fuera de lo común. Su talento es innegable, pero su valor como artista sí es bastante cuestionable.

Ahora bien, el público se siente bien siendo fan de Adele, porque ella es normal. Sienten que Adele es cero imagen, puro talento. Quizás hasta les gusta ser fans de la gordita, the underdog, como los gringos le dirían. Pero eso es eso y nada más. La música es un producto llamativo de maneras inmensamente obvias, y Adele es un componente activo de este atractivo. Adele no se llevó todos los Grammys o los internets por su música excepcional, sino por su popularidad y su capacidad de atraer masas. Porque los Grammys y la industria discográfica en general dejaron de tratarse de música HACE RATO.

Está bien reconocer que Adele es superior a su competencia, en su metro cuadrado de alcance. Está bien admitir que Adele tiene talento. Está bien todo lo que quieran, yo tengo Rolling in the Deep en mi playlist para manejar, y ahí se quedará. Pero Adele no es músico, es una artista. Su música no ha roto esquemas y probablemente nunca lo hará. Eso es todo.

Claro, los parámetros bajo los cuales la música se considera buena o mala, son puramente relativos. No puedo meterme en la cabeza de ustedes, Adelomaniacos, e implantarles un chip con mis parámetros como absolutos. Pero eso es lo que pienso sobre Adele y los Grammys y todo eso.

Qué buen día para odiar a Adele: Día del Amor y la Amistad. Muchas gracias a mi Valentín por venir a visitarme y traerme “los panes de yuca de San Valentín”, y feliz día a todos los que me leen, estoquean, odian, etc. 

3 thoughts on ““We Could Have Had it All…”

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