Yo soy de esas personas que se queja mucho de la vida, pero no puedo negar que la mía podría ser muchísimo peor. Tengo empleo estable, me rodean buenas personas, no soy hippie… Lógicamente, podría tener un mejor empleo, amigos poderosos y mucho dinero para mandar a todos los hippies del mundo a Tuvalu o alguna otra isla del Pacífico sur con pocas vías de escape, pero digamos que en el ranking mundial de personas con vidas miserables, yo estoy más arriba de lo normal.

Como persona no-conformista y duro crítico de las tribulaciones de la vida, me debería resultar imposible criticar a aquellos que se quejan, pero dada esta misma condición y para probar que nunca se puede ser lo suficientemente cretino, lo haré de una manera espectacular.

He tenido el placer de conocer a unas cuantas personas que se quejan pero lo hacen bastante bien. Otras, desafortunadamente, no tienen el don y por lo tanto terminan fracasando a gran escala. La clave aquí es el estilo: la originalidad y tono de tus lamentos puede marcar la diferencia entre ser un crítico social ilustrado y un llorón carente de perspectiva o materia gris. Los comediantes se quejan de todo, porque la vida es una comedia y ellos encontraron la manera de hacer dinero de la miseria. Está bien, yo aprecio cuando me hacen reír y respeto al individuo que me saque una carcajada, porque es bien jodido hacerlo.

Mi problema es que la intolerancia hacia la humanidad, ese rasgo tan característico de quien escribe, no me permite establecer buenas relaciones interpersonales con personas que se quejan de manera tan amarga y aburrida que no provoca ni siquiera una burla maliciosa. Tengo un problema especial con quienes piensan que quejándose de cada cosa que les pasa en el diario vivir, van a arreglar su situación. Esas personas que aman detestar su situación y despreciar lo que tienen porque desean “algo mejor”.

Las bonitas no son chistosas.

Los principios son claros: Las quejas son digeribles con una buena dosis de humor. Es como el brócoli, “con limon y sal pasa”. Si lo único que pueden ofrecer es quejas vacías  con fundamentos puramente personales e intentos vergonzosos de humor, no van a encontrar a nadie que les preste atención más que sus amigos iguales a ustedes.

El mundo es cruel, las personas son horribles y a nadie le importa que el calor de Guayaquil les resulta insoportable porque el clima en Los Angeles es mejor. Lo último que supe es que Estados Unidos no es como Corea del Norte y la gente puede entrar y salir cuando quiera; lo mismo para Guayaquil. Si sus quejas son del tipo amoroso, entonces no les queda más que suicidarse y acabar con toda la desolación que rodea sus despedazados corazones. Todos sabemos que los desengaños amorosos no se pueden solucionar con nada más que la muerte.

Estas cosas se aprenden poco a poco, pero mucho es sentido común. A nadie le importa, en serio. Si quieres que te presten atención, no hables en serio. No hay nada más incómodo que la miseria sobria y sin chiste.

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