La muerte

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1385762_231889536976826_743559808_nEl lunes murió Lou Reed, integrante principal de The Velvet Underground.

En realidad no es su muerte lo que me incomodó, sino la muerte en sí. Llegar a ese lugar de la vida donde la realidad cae a baldazos y darse cuenta que no importa cuánto hayas importado para alguien, cuánto hayas hecho por tí mismo, o cuán grande sea el legado que dejas, igual eres tan vulnerable como el borracho que le pega a su mujer o el tipo que accidentalmente me regó café en los pies hoy en la mañana.

Hay gente que no debería morir.

Mi abuela murió hace tres meses y siento que la vida no me va a alcanzar para quejarme de lo injusto que se portó el mundo con ella, y lo injusto que se porta conmigo, arrebatándome algo tan preciado. Pero la muerte, cuando llega así, crea una ilusión de suspensión de la realidad donde quien se te ha ido solo está ausente, mas no muerto. A pesar de saber que ya jamás va a volver, que no existe en ninguna parte del mundo al que tienes acceso, te refugias tras la esperanza de que aún esté. No importa de qué forma, ni dónde, ni en qué circunstancias, solo importa que esté.

Y es que es tan triste cuando alguien que ha hecho algo por ti se vaya. Lou Reed me dio canciones que hizo desde el fondo de su tristeza, desde ese hoyo oscuro donde se encontraba su corazón. Mi abuela me dio la vida dos veces y me dio todo lo que ahora soy y me servirá siempre, todo lo que tengo que me inunda y puedo compartirlo con los demás.

En realidad no me importa que haya muerto Lou Reed. Me importa que la muerte está siempre tan cerca, y él me ha ayudado un poco a aceptarlo.

 

Disgust

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The feeling is nauseating. The utter disgust of someone driving you catastrophically insane. The reality of human cruelty permeating in my psyche.

I see your picture every now and then and it makes me cry. I hear your voice and my heart shrinks, pulled inward by all the possibilities of a story that never ended. I want to believe it’s going to stop, that one day I will look at you and remain emotionless, that I could offer you an honest smile without a knot forming in my throat, because I know one day it will be like this, I barely even think about you now and time does wash away memories until they are so blank you can see through them, ignore them completely.

I see you now and I feel empty. You are a rotting piece of my heart that refuses to fall off and die. You decay, your memory keeps losing colors and turning into a mucky, stained sepia; and I still can’t stop feeling the remainders of wet damage struggling to spill from my eyes. I think of you and the limits to my imagination are shattered, as I never could have imagined someone could so easily leave, so resolute and cruel, with such disregard and in such a cowardly, emotionless way.

Over the surface I feel depleted of sympathy, I can hardly contain the urge to snap you out of whatever it is you think makes you larger than whoever you look down on. I see the people with whom you choose to share your time and it sickens me, I see how you interact, how you speak, and it annoys me. It was always this way. I you spending time with people so simpleminded, unattractive and bland, I often wonder if I was an exercise in tolerance on your part. 

This drives me insane. I am losing my mind, thinking that I could never be happy unless I cause you an amount of pain that could match the one I still feel when I think of you; and yet I know that this could never materialize. I care about you enough to never intend to hurt you, but I am still angry, still trying to come to terms with these overwhelming emotions and questions that plague me. I can barely put it into words, I cannot attempt to hold it. 

I can only rationalize it as annoyance. So annoyance I will feel. 

I am sick of you. 

What happens when we fall in love

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bigquestionslittlepeople_loveWhat happens when we fall in love is probably one of the most difficult things in the whole universe to explain. It’s something we do without thinking. In fact, if we think about it too much, we usually end up doing it all wrong and get in a terrible muddle. That’s because when you fall in love, the right side of your brain gets very busy. The right side is the bit that seems to be especially important for our emotions. Language, on the other hand, gets done almost completely in the left side of the brain. And this is one reason why we find it so difficult to talk about our feelings and emotions: the language areas on the left side can’t send messages to the emotional areas on the right side very well. So we get stuck for words, unable to describe our feelings.

But science does allow us to say a little bit about what happens when we fall in love. First of all, we know that love sets off really big changes in how we feel. We feel all light-headed and emotional. We can be happy and cry with happiness at the same time. Suddenly, some things don’t matter any more and the only thing we are interested in is being close to the person we have fallen in love with.

These days we have scanner machines that let us watch a person’s brain at work. Different parts of the brain light up on the screen, depending on what the brain is doing. When people are in love, the emotional bits of their brains are very active, lighting up. But other bits of the brain that are in charge of more sensible thinking are much less active than normal. So the bits that normally say ‘Don’t do that because it would be crazy!’ are switched off, and the bits that say ‘Oh, that would be lovely!’ are switched on.

Why does this happen? One reason is that love releases certain chemicals in our brains. One is called dopamine, and this gives us a feeling of excitement. Another is called oxytocin and seems to be responsible for the light-headedness and cosiness we feel when we are with the person we love. When these are released in large quantities, they go to parts of the brain that are especially responsive to them.

But all this doesn’t explain why you fall in love with a particular person. And that is a bit of a mystery, since there seems to be no good reason for our choices. In fact, it seems to be just as easy to fall in love with someone after you’ve married them as before, which seems the wrong way round. And here’s another odd thing. When we are in love, we can trick ourselves into thinking the other person is perfect. Of course, no one is really perfect. But the more perfect we find each other, the longer our love will last.

What goes on inside the brain when we love – Robin Dunbar

En gringo se dice “overkill”

No, no este "overkill" aunque el tipo tiene la idea bastante clara.
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Creo que he alcanzado un nuevo récord de intolerancia y no lo puedo atribuir a nada en especial. Porque pues, así soy yo de inestable y es tarde para buscarme algún arreglo.

Llegué a la conclusión de que el gran culpable de mi ostracismo social y mi renuencia a adaptarme al mundo de maners funcional es el internet, y no me refiero a los huecos apestosos de la red donde existe pornografía infantil y neonazis ni cosas por el estilo. Es el internet abierto, digamos el centro, si queremos compararlo con una urbe.

Las redes sociales.

El internet es genial. No he encontrado mejor sustituto para la educación formal desde la televisión, que el internet. Me gano la vida a punta de internets. Si se muere el internet, no me quedará más remedio que dejar de fingir normalidad y voluntariamente internarme en un sanatorio para enfermos mentales. Una de las cosas más geniales del internet es que es libre y no tiene restricciones monetarias, geográficas o sociales. Eso quiere decir que puedo bajarme todos los petabytes de música imaginables y no le tengo que pagar un solo centavo de mi sueldo duramente ganado a Apple o Amazon o a alguno de esos manes.

(Si alguno de ustedes, lectores, es de esos maricas conservadores en contra de la piratería, por favor váyase de aquí antes de que salga con mi sombrero y mi parche y le saque la chucha a machetazos.)

Sin embargo, esa misma libertad que nos permite disfrutar de todos los beneficios que el internet ofrece, es la causa de montones de problemas entre seres humanos, y esta entrada.

Seguro alguna vez han escuchado de parejas que terminan por culpa de Facebook, o de personas que estoquean a sus “enemigos” en Twitter, o alguna desgracia similar. Ya, eso pasa porque todos somos horribles. El internet tiene un fin que cumple perfectamente: permitir el libre intercambio de información entre personas, sin importar raza, sexo, condición o ubicación. Es cuando los humanos se meten cuando se jode todo.

El problema es que cada uno tiene una opinión que compartir, y desde que existe esa cosa llamada “libertad de expresión”, todos nos sentimos en todo nuestro derecho de publicar todo lo que se nos pasa por la cabeza. Me incluyo, por supuesto. De hecho, si no existiese el internet, esta entrada seguiría en mi cabeza, o sería el tema de conversación que me saque de quicio entre amigos, o algo así. No existe un solo día que no sienta la necesidad de dejar fuera todos los diablos que tengo dentro, por así decirlo. Entiéndase por diablos, estupideces.

Las redes sociales son herramientas para socializar a través de la red. Pero socializar tiene su propio significado ajeno al que dice la RAE, cuando se trata de cada ser humano. A nosotros simplemente nos dan las pautas, y en un ratito nos encargamos de hacer miércoles todo. Es así como Facebook es ahora una versión PG-13 de http://www.sugardaddyforme.com/ y Twitter es el equivalente online al show de Jerry Springer.

No quiero sonar esnobista ni presumida. Todo es diversión y risas y chistecitos hasta que a alguien le ponen los cachos y tuitea sus miserias a cada rato. Es divertido igual, hay mucha hilaridad en la vida y siempre es mejor cuando no te pasa a tí. Para eso está el internet, se supone: para compartir. Ese es el uso que le hemos dado y ya no hay vuelta atrás. Lo que pasa es que gente como yo, amargados sin remedio, encuentran en las redes sociales toda la motivación que necesitan para odiar el mundo con la furia de diez Fukushimas. O sea, sobresaturación. Overkill.

No, no este "overkill" aunque el tipo tiene la idea bastante clara.

Hoy abrí Twitter en la mañana, leí mi timeline y algo en mí explotó. Cerré de inmediato la ventana y mande todo por un tubo. No paso nada en especial, era lo mismo de siempre. El internet no existe desde el inicio de los tiempos porque simplemente, cuando el mundo se creó, no estaba en proyecto poner al descubierto toda la personalidad y los pensamientos de las personas. Es por eso que no podemos leer mentes ni saber los alcances de la maldad humana. El internet muestra los aspectos más oscuros de las personas, las cosas que a simple vista no se pueden distinguir, pero que una vez vistas no pueden olvidarse. No es que sean malos todos, es que nadie es perfecto para nadie, nunca.

El problema no es el internet, sino yo y mi poca paciencia para tolerar las pequeñas falencias de las personas. Si no me han mandado al carajo aún, debe ser porque los demás no son así. En serio, ya alguien por favor mándeme al carajo por ser tan horrible.

Mi batalla contra la gente y su estupidez no es noticia nueva. No me creo menos estúpida que el resto, simplemente odio los comportamientos colectivos de mi circulo social agrandado. Eso debe significar que por ende yo me odio, lo que encaja perfectamente con varios diagnósticos que he recibido a lo largo de mi vida, de personas de salud y estabilidad mental cuestionable (mucho más que la mía). A veces, cuando me siento optimista, me gusta pensar que tengo un poquito más de sensatez en mi diario vivir y eso me diferencia de las masas, pero ahorita ya todo es irrelevante. No me interesa si soy una más o si soy diferente por tener un sentido crítico más desvergonzado que la mayoría de personas. Ya se jodió todo.

Now Hating…

"Yo sufría antes de que sufrir sea mainstream."
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Hola. En el episodio de hoy de “Odiando como igotsurvivalism”:

Lana del Rey, la peor desgracia musical desde la última desgracia musical

Últimamente me he encontrado con un grupo considerable de fans de Elizabeth Woolridge Grant, la cantautora emergente más conocida por su nombre escénico, Lana del Rey. La verdad, a estas alturas, ya ni me interesa. Hay demasiados fans de Maroon 5 en este mundo para tratar de crear conciencia musical en este podrido y horrible lugar. El problema es que tengo opiniones demasiado fuertes, y soy demasiado bocona para tragármelas. Es como si estuviese escuchando la mentira más mentira del mundo sabiendo cuál es la verdad, y no pueda decir nada, absolutamente nada al respecto. El bichito, me está picando. Ya no puedo más.

¿Recuerdan mis comentarios sobre Adele en la entrada anterior? Ya, pues creo que lo mismo se aplica para Lana del Rey, multiplicado por cuatro mil trillones.

Es chistoso cómo toda la vida nos jactamos de ser seres libres e independientes y de tener criterio propio, único y original, y defendemos nuestro derecho de elegir y tener libre albedrío, cuando es obvio que los gustos colectivos están siendo manipulados al antojo por la industria musical. Adele no es un producto particularmente innovador, pero es un buen ejemplo de psicología inversa aplicada en el consumidor promedio de música. En vez de vendernos lo grotesco (Lady GaGa), lo sensual y definitivamente comercial (Katy Perry), simplemente sacaron a la venta lo normal, lo que nadie querría vender (Adele) y funcionó a la perfección. No es un concepto creativo, pero es inteligente y nosotros somos unos tarados.

En el caso de Lana del Rey, la estrategia es similar. Esta vez, en vez de vendernos lo normal, nos vendieron lo “oscuro” e independiente. Esto le cayó bastante bien al segmento hipster de la población que busca desesperadamente ser único y original en sus gustos musicales, para proyectar una imagen intelectual, sensible y alternativa, que le ha resultado bastante lucrativa a almacenes como American Apparel y productos como la cerveza Pabst (presentación Blue Ribbon).

"Yo sufría antes de que sufrir sea mainstream."

Lana del Rey no es, bajo ningún concepto, un músico talentoso. No es ni siquiera talentosa como compositora, mucho peor como cantante. Adele al menos canta. Lana del Rey es una muñequita en busca de atención, que proyecta una imagen peculiar, bohemia y sensual en su rareza. No canta nada. No canta nada, así nada, por dios NADA. Sus letras son tristezas, pero no por su contenido sino por su calidad.

En este momento, los fans de Lana del Rey me deben estar insultando. Bueno, si esto no es prueba de que la tipa no canta nada, entonces ya mátenme no mas.

El problema con esta mujer es que, todo lo que ella representa tiene un aire… mejor dicho, está bañado en salsa hipster. Su “estilo” musical y su imagen pública intentan replicar las de cantautoras de renombre en el mundo musical alternativo, como Cat Power o Joanna Newsom. Soy fan de la primera, de la segunda, para nada; pero puedo admitir que las dos se hicieron un nombre por sí mismas, gracias a su talento/habilidad/perseverancia. Lana del Rey solamente ha logrado llamar la atención de los medios, apareciendo en público cada vez que tiene oportunidad, lo que se traduce en mucha gente hablando de ella y escuchando su música. Es otro producto, otra ilusión creada para hacer sentir bien a un grupo específico y al mismo tiempo ganar millones.

Lana del Rey no tiene talento, ni merece la atención que se le presta. Ya dejen de ser tan predecibles y no compren toda pendejada que les venden, solo porque parece lindo por fuera. Todas las Lanas del Rey del mundo hacen que músicos de verdad vivan en el anonimato o no puedan ganarse la vida haciendo lo que mejor hacen, lo que los hace felices. Ella representa claramente la mediocridad de la música pop de hoy en día, la que está empezando a impregnar nuevas áreas con su apestosa avaricia.

Así que hagan el favor de dejar de hablar de Lana del Rey. Ya suficiente con la histeria de Adele como para que llenen mi timeline de Twitter con noticias sobre otra mujercita sobrevalorada. Claro que, si no lo hacen, no me importa.

“We Could Have Had it All…”

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Hace dos días, el domingo 12 de febrero, se llevó a cabo la ceremonia de entrega de los Grammys, o la premiación a lo mejor (mejor palanqueado, claro) de la música. La estrella de la noche, indiscutiblemente, fue Adele, la gordita británica sufridora que se ha ganado el corazón y el respeto de hasta el público más exigente, con su afinada voz, letras llenas de decepción y su físico casi escultural.

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Look At That Fucking Hipster, version GYE

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El sábado en la noche, durante una conversación de esas que nacen y mueren de manera poco memorable (véase “hablar huevadas”), unos amigos y yo llegamos a la conclusión de que el centro de mi ciudad (casualmente donde yo trabajo) está lleno de hipsters. Las razones para este raro flujo de seres mágicos y coloridos a este sector en particular, las dejo a consideración suya, ya que son bastante obvias. Si se tiene una noción básica de los hipsters y cómo operan, claro. Ustedes saben, el centro, la cultura, la arquitectura de antaño, el arcoiris…

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Imágenes vivas

anciana
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Estos últimos días, mi jornada laboral se ha convertido en un desfile sin fin de áreas nuevas en las que me ha tocado incursionar, debido a la estrechez del tiempo que nos queda para presentar un gran proyecto. Así es como estos últimos días he pasado sufriendo en los zapatos de “diseñadora gráfica” o algo por el estilo, escogiendo y editando fotos para la web.

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You

Standard

Try and snap me out
Of this cruel phase
Scattered limbs about
Stops me thinkin’
Focus in and out
Start to fade
Better spit it out
Cause it’s not stickin’

Set my heart alight
Bail me up all night
Beat me up all night
Set my heart alight

Try and snap me out
Of this blasé
Try and blow my cool
While it’s still sinkin
Focus in and out
Start to vague
I don’t even clock
The tock you’re tickin’

Set my heart alight
Stick me up all night
Bail me up all night
Set my heart alight
Stitch me up all night
Destined to collide

HTRK – Slo Glo

With You in My Head

Standard

I live in a house of debris, where dust and cobwebs are my only companions, where the ceiling is falling to pieces and rust covers every metallic surface that could provide a cold sensation to my palms. Everything is falling apart around me, I sleep over a pile of death and garbage, in darkness until the day comes.

In the midst of all this ugliness, all this destruction and collapse, I see you clearly. With my eyes covered in tears, I can see you. Because I know that you live in a house much like mine, full of dirt and chaos. Because I know that, no matter where you are, you and I are the same.

I am sedated, I cannot feel at all. Until I think of you and am overcome by a surge of tenderness, an almost immediate desire to hold your hand. There, in that same house full of despair and fog that we both inhabit. There, in the depths of our minds.

 Come back.

Any given Sunday, 3:07 AM

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To remove someone’s pieces of life from yours. To remove someone’s smell from your brain, someone’s feel from your hands. To remove someone’s emails from your inbox, their pictures from your phone. To remove their words, their face, their essence, what made then unique, from your psyche.

Every person that walks into your life leaves a memory of unrelenting power. It can trigger emotions, elicit words, call out tears, bring on smiles. The strength given to these memories is independent of time, quantity or quality. Rather, it is your heart, that inhospitable reigning king of your emotional self, who decides to assign value to each piece.

A word, a look, a small conversation, a long love affair. It has a value that couldn’t be rationally explained by the brightest minds. To remove that weight, so irreplaceable and rare in its emotional intricacies, is what causes pain. For everything that goes into making those pieces stay within you and transform into displays of emotion, tangible or intangible, leaves a mark in your heart far too big to cover with skin and blood. Their existence, and their subsequent forced eviction, causes strain in one’s already damaged spirit.

This is what pain is made of. Big holes left by pieces of someone else of which you have to let go. Big holes left by someone who inadvertently walked into your life and changed it. As selfish as humans can be, as painful as this process always is, we repeat it every chance we get. There is no life, no certain way of knowing one’s alive, unless this pain manifests within you.